Día duro. Voy cojo: el tendón alquiles del pie izquierdo está inflamado y me duele con cada paso. Tengo dos ampollas en el pie izquierdo.  El camino me avanza los años y no veo el momento de acabarlo mañana. Quedan 19 kilómetros.

He pasado 90% del tramo del Camino solo, como quería. La experiencia del peregrino es, ante todo, una muy larga y solitaria. A veces parece que no acabará. En esos momentos, intentas no pensarlo, y sigues.

Te hablas, inventas historias, canciones, cambias el bastón de la mano, sacas una foto cuando el paisaje te inspire, paras, tiras el mochila al suelo y metes encima de una roca, esperando la inspiración para volver a empezar. Con los ojos abiertos andas a medida que avanza el camino. En un sentido más figurativo, esto amplia la visión.

El concepto de tiempo y espacio transforma en algo más lento y alargado o quizá más rápido y cercano. Cuando alguien te dice, por ejemplo, que te quedan <<8 kilómetros>>, sientes la distancia en los huesos, en el tendón alquiles del pie izquierdo. Cuando ves un pueblo en la distancia, calculas el tiempo en llegar y a veces la distancia y el tiempo te engaña a parecer más cerca o más lejos. La perspectiva que siempre has tenido distorsiona hasta tal punto que no puedes confiar en ella. Hay que olvidar la visión que tengas y las expectativas que mantengas.

Lo único en que puedes saber de verdad es el momento y el paso mesurado.