<<AVISO: Esta entrada pertenece a la clase de El Camino de Santiago>>
Con el desayuno devorado, me separé de los otros alumnos --todos nosotros peregrinos temporales-- en el pueblo de Belorado. Debía de haber sido las 7:30-8 por la mañana, como mucho.
Fui buscando agua de una fuente, agua potable desde luego. Lena nos había avisado que las fuentes en el Camino avisan cuando el agua NO sea potable, pero os puedo asegurar que había algunas fuentes que vi durante el primer día de nuestro tramo donde ponía <<Agua no potable>>.
Por eso cuando localicé una fuente cerca de lo que parecía una glorieta muy <<-eta>> (es decir pequeña) al lado de la Plaza Mayor, busqué alguna señal de su potabilidad potencial, pero no había nada. Supuse que era potable pero no estaba seguro.
De pronto llegó un hombrecillo, bajito, flaco y de unos 60 años, pasando por la zona de la glorieta.
--Perdón --le pregunté, señalando la fuente--, ¿es agua potable?
Me lanzó una mirada furtiva, dijo bruscamente --Sí joder-- y siguió andando.
Así tal cual, sin coma ni pausa.
No sé si mi aspecto le fastidió o si ya había tenido una mañana (o incluso noche anterior) fatal. O quizá hubiera visto tantos peregrinos en su vida que al vernos le hartaba al instante.
No lo sé.
Pero sí sé que él jamás me va a recordar, y que nunca me olvidaré de él y sus dos palabras sucintas que iban directamente al grano.
Jaja Kip, me da mucha gracia lo de “sí joder.” Tengo un libro en casa sobre un hombre británico creo, o a lo mejor estadounidense, que hizo el Camino. Casi lo dejé porque era tan… serio. Hemos compartido bastante nuestras opiniones, experiencias, reflexiones, etc. con respecto a la peregrinación. Pero cosas así (como aquellos viejos “verdes” en el pueblo jaja o la mujer en la bata rosada) creo que son los recuerdos que más me gustan. Es como Lena nos dijo al principio, que en el Camino siempre conoces a gente diferente, rara, o simplemente “muy del pueblo” o sea, los tipos que no se encuentran en una ciudad grande como Madrid donde la globalización tiene una presencia muy fuerte. Donde no puedes tener una experiencia así, porque… hombre, ¡el agua se puede comprar en el Metro! Quiero alquilar un coche en España y conduce de pueblo en pueblo para conocer a esa gente antes de que los pueblos así mueran. Los del Camino siempre van a tener el Camino para algo de comercio, y creo que seguirán existiendo de alguna forma, pero los demás de España… pues, vi un programa en la tele hace unos meses sobre un pueblo no muy lejos de Madrid, cuyos 24 habitantes ya son muy ancianos, y luego… ¿qué?
Me encanta esta historia. Estoy de acuerdo de que la respuesta del hombre presenta algunas preguntas: ¿era el hombre un hombre amargo por naturaleza o sólo contigo? ¿Fue la quinta vez esa semana que alguien le había preguntado sobre la potabilidad del agua, y él estaba harto/ofendido del hecho de que tantas personas duden la potabilidad del agua cristalina, preciosa y sabrosa de su pueblo? No sé, tú no sabes y tal vez nadie nunca sabrá. Pero, sin duda, era un momento para reírse.
Cuando me contaste esto, Kip, lo único que podía pensar era, "Eso es España." Para los estudiantes de traducción, piensa como va el diálogo en inglés. Aun en boston no decimos cosas así (pues, si los Yankees están jugando esa noche es bien posible). Sin embargo, cada persona tiene su historia y John ha presentado unas preguntas esenciales. Especialmente en los publos en el Camino de Santiago donde viven 80 personas y cinco tienen menos de 35 años, hay que haber unos ciudadanos que están hartos de ver peregrinos 365 días al año. Como ha mecionado John, es posible que eso fuera la quinta vez que alguien dudó que el agua fuera potable. Es posible que en su mente estuviera pensando, "El agua es cristalino ¿no?" Nadie sabe. Mas, creo que esto añade mucho al Camino. De hecho siento triste que no estuviera allí para ver lo que sucedió. Quiero ver su cara de disgracia y quiero oír su acento que en toda probabilidad lleva la destucción de cuarenta años de cigarillos (Fortuna o Lucky Strike a lo mejor).