AVISO: ESTA ENTRADA PERTENECE A LA CLASE DE <El Camino de Santiago>.
Hay dos preguntas pertinentes: ¿Cuándo coño se va a parar esta maldita lluvia? y ¿Por qué demonios sigo caminando? Me temo que estas preguntas tienen la misma respuesta, la de <<no lo sé>>. Llevamos cuatro horas andando, y durante las últimas tres ha llovido de una forma desconcertante, con un viento frió de cojones. No hay nubes: todo el cielo es una manta opaca de color gris.
¡Qué día más desdichado! Nos pusimos los ponchos cuando empezó la lluvia y este puñetero poncho permite agua. Lo compré porque ponía <<impermeable>> en la etiqueta y ahora me he enterado de que, como mucho, es semi-permeable. Quiero que me devuelvan el dinero que pagué para este poncho.
No. Quiero que pare esta lluvia para que no tenga que llevármela. Eso es el problema, la lluvia. Y la obligación de seguir cuando sólo anhelo un lugar seco y templado.
Creo que estas dos preguntas son vinculadas inextricablemente. No puedo dejar de caminar porque se sigue lloviendo; si me paro, estaré en media del camino, sentado, empapado y cabreado aún más, no sólo porque la lluvia no habrá parado sino porque habría parado. Si para de llover, tendré que seguir hasta, al menos, el próximo pueblo. Es un círculo vicioso, esta situación. Mejor no pensarlo más.
En cualquier caso, tengo que seguir hasta la última parada del tramo del día, la cual me parece muy lejos. Ya hemos pasado siete pueblitos. Lo seguro: mi percepción de distancia ha cambiado radicalmente. En coche hubiera pasado estos 10 pueblos del tramo en menos de una media hora, pero a pie los pueblos me acercan paulatinamente. Lo ves, o no lo ves; hay que seguir. Cuando lo ves, te entra una sensación de alivio, a menos que sea una distancia muy lejana. Quizás adelantas tu paso o sigues a la misma velocidad y el pueblo te espera. No. Tú mismo esperas llegar a ese pueblo y el pueblo sigue siendo inamovible como ha sido durante siglos.
Como antes, no lo sé.
Me ha encantado esta entrada. Empezando con el título, es lo que se dice y se piensa tantas veces en el Camino. Cuando llueve, cuando hace frío, cuando estás lesionado y te duele algo, cuando simplemente estás tan cansado que no te imaginas dar otro paso pero sigues poniendo un pie delante de otro, sigues, sigues...llegas.