Tuve la mala suerte de viajar en Ryanair durante las vacaciones, lo cual no recomendaría a nadie salvo a mi pero enemigo.
Ryanair es la aerolínea más barata en toda Europa y por tanto tiene mucha fama, especialmente con los jóvenes. Venden trayectos de los vuelos a varias ciudades por Europa por un precio aparentemente bajísimo. Luego, después de comprobar los precios, empiezan a añadir tasas cada dos por tres, dejando el precio del vuelo no tan barato como pensaras al principio. Por ejemplo, hay una tasa mínima de 20€ si facturas una maleta; hay una tasa de 10€ por pagar con tarjeta de crédito; hay otra tasa de 6€ por facturar en el aeropuerto, etc. No lo dudes, hay muchas más.
Exigen un sello de "Visa check-in", lo cual hace imprescindible pasar por la oficina de las cabinas que están al exterior de las zonas de facturar. Esperé unos 30 minutos en la cola para, al final, tener que volver y pedir un sello. No se dan cuenta los que crean las reglas en Ryanair de que "Visa" puede ser dos cosillas muy importantes en cuanto al lío de viajar: o la tarjeta de crédito con la que se pagó el vuelo o, más importante aún, la "Visa" de los extranjeros que tienen que poseer para entrar en un país en el que no es el suyo. Como ya tenía estas dos conmigo, no lo creí importante antes. Al final, cuando me dio el sello en la cabina, la mujer allí me dijo que no tenía que esperar otra vez en la cola para facturar porque mi mochila podría caber en al avión y lo considerarían equipaje de mano.
Pasé por el control de seguridad y me preguntaron si llevaba una navaja multiusos en la mochila. "Pues sí", le respondí. Me explicó el vigilante que no podía permitirlo y me explicó que tendría que facturarla si quería llevármela. El vuelo, que (supuestamente) estaba a punto de embarcar, no me dejó esta opción. La navaja multiusos es de una muy buen amiga que me la prestó y me dijo que era un objeto muy especial porque la había comprado en Suiza cuando tenía 13 años. Me sentí horrible.
El vuelo fue atrasado 45 minutos, de modo que al final todo el lío de la navaja fue posible.
Como no estaba completo el vuelo, me senté en la última fila en el asiento de pasillo. El asiento de al lado estaba vacío, y en el asiento de ventana se sentaba a una chica joven y guapa. Llevaba puestos unos vaqueros muy apretados y una camisa con la que mostraba a todo el mundo su escote grande. Tenía una postura perfecta, y de vez en cuando sacaba su kit de maquillaje para perfeccionar todo lo relacionado con la cara.
Por supuesto esto no me molestaba, salvo cuando íbamos a aterrizar y quería echar un vistazo por la ventanilla, delante de la cual estaba ella. Cada vez que miraba por allí, me devolvía la mirada con una actitud amenazadora como si me estuviese reprochando: "Yo sé que me estás mirando al pecho. ¡Vete al carajo cabrón!".
Odio estas situaciones sencillamente porque me siento culpable por pàrecer un viejo verde cuando, en realidad, no soy en absoluto. Yo no estaba desnudándola con mis ojos ni mirándola con ojos "verdes". (Bueno, sí, tengo ojos del color verde.) Es decir, no quería ligar. Con las veces innumerables que se miraba en el espejo y ajustaba un detalle en su cara, supuse que ya tenía un hombre esperándola en Santiago. Repito, sólo quería echar un vistazo por la ventanilla y ver fugazmente la capilla de la catedral o alguna parte difuminada del camino de Santiago.
Pero no. Me quedé con la cabeza mirando de frente. ¿Qué veía? Esta imagen dibujada (a continuación) que está colocada detrás de cada asiento del avión. Es una imagen de la muerte inminente donde, en el caso de que el avión se estrelle o tenga que aterrizar en el agua, se ponen las instrucciones sin palabras para los que no hablen ni lean.
O soy un viejo supuestamente verde o estoy obligado a estudiar las varias maneras de salvarme la vida en posibilidad lejana de que todos vayamos a morir. Madre de dios.
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Es la crónica de un viaje difícil, ¿eh? En elprimer caso (Ryanair) las palabras servían de poco (pero no pasa sólo con Ryanair, hace poco viví un caso parecido con una amiga a la que la maleta le pesaba más de lo admitido y nos tuvo -Iberia- dando vueltas por la T-4 de ventanilla en ventanilla por algo que se debía haber solucionado en el mostrador de facturación). Y en el segundo no parece que las palabras hubieran servido de algo...