AVISO: ESTA ENTRADA PERTENECE A LA CLASE DE <<El camino de santiago>>.

Juan y yo entramos por la puerta principal. Adentro hay un pasillo muy largo con un techo alto. Huele a los 70 y le comento a Juan que tiene rasgos de la época de Franco. Asintió con la cabeza. El vigilante, al oír nuestra petición, nos indica que esperemos porque "está dando la misa hasta las 12:30". Miro la hora y son las 12:33. Nos sentamos. El edificio abunda en austeridad, una seriedad (o incluso gravedad) que estos edificios siempre me han hecho sentir.

Esperamos unos cinco minutos.

Sale el clérigo (¿El cura? ¿Asistente del arzobispo?). La verdad es que no sé cómo se llaman dentro de la jerarquía de la Iglesia y nos indica a seguirle. Pasamos por varias puertas hasta llegar a la oficina con el letrero <<Oficina del Camino de Santiago>>.

--¿Hay una oficina dedicada al Camino? --, le comento. Asiente con la cabeza.

En el silencio de la oficina, nos hace unas preguntillas sobre nuestras identidades, número de carné, etc. Nos pide medio euro cada uno para pagar la molestia del papeleo y coge una fotocopia y empieza describir algunas instrucciones que, gracias a Dios que Juan está conmigo porque de verdad en esta situación, como en muchas otras, inmediatamente apago la recepción del emisor y me centro en su manera de hablar y no en las palabras. Le veo apuntar a un capítulo de la Biblia, Lucas 24, 51 creo que era, y hablar de la peregrinación de Jesús y que significa emprender una peregrinación.

El clérigo, con una cara redonda y bien calvo, me parece muy serio y, a la vez, como que va a sonreír en cualquier momento. Pero no lo hace en ninguno. Juan y yo nos quedamos más callados o bien abrumados por el mero hecho de estar en la oficina del arzobispo español. Al final, le pregunto si hay mucha gente últimamente que hay venido para conseguir la credencial y me contesta que no, de verdad, no es la temporada todavía. "Y como el tiempo siga así, no empezará hasta el mes siguiente". Asentimos con la cabeza y nos despedimos. Juan pregunta si debería cerrar la puerta a la oficina del Camino de Santiago o dejarla abierta. No he podido oír su respuesta pero imagino que dijo que sí.

Salimos de la iglesia a la calle donde había empezado a lloviznar lo suficiente para ser una molestia. Y con eso tenemos un anticipo del camino que nos queda por delante.