Me senté a su lado en banco del andén de la parada de Gran Via. El martes sobre las 22:15 nos situó juntos mientras la señal advertía unos 8 minutos de espera para el tren siguiente. Abrí el EPS y empecé a leer un árticulo titulado <<EL PORVENIR DE LA CRÍSIS>>. Ella cogió su teléfono, pulsó unas teclas y habló en una voz no muy alta pero, dada la cercanía, lo suficientemente alta para que yo lo escuchara.

Hola Cariño. ¿Cómo estás cielo? Te llamo porque acabo de salir del curro, sabes, tenía que quedarme un poco más tarde porque la señora no estaba preparada y, sabes, como son estas señoras cuando tienen que tener algo, es, sabes, cariño, lo más importante. Así que nada, cielo, estoy aquí esperando al tren y he decidido llamarte, cielo, porque tengo unos 7 minutos para esperar. ¿Cómo estás cariño?

No pude leer el artículo porque ella había dicho cariño o cielo tantas veces que me distraía. La mujer debía de tener unos 40 y pico años, estaba bien abrigada, con una nariz un poco aplastada a la cara y gafas grises. No podía inspeccionarla más porque estaba muy cerca.

Ya lo sé, cielo, ya lo sé, seguía pero es que no hay más remedio con éstas, ¿verdad cariño? Pues nada, cielo, me voy hasta Tetuán porque tengo que ver a Chema y, sabes, hemos quedado en la boca del metro para charlar un ratito. Así que estoy esperando al tren, cielo, y nada, cielo. ¿Cómo estás cariño?

Otra vez con el ¿Cómo estás cariño? Yo estaba tratando de leer una página y había leído el mismo párrafo varias veces pero no podía pillar ninguna palabra a causa del número excesivo de estas referencias cariñosas de cielo y cariño. No menos sospechoso eran las preguntas retóricas ¿sabes?. No podía deducir si la persona al otro lado de la llamada era su marido, hermana/o o buen amigo porque el contenido de la conversación me era un poco vacio. Charlaba sobre el esperar en la vía, el rollo del trabajo, las horas largas y unos planes que habían hecho antes de la llamada.

Debía de haberlo dicho alrededor de 50 en una conversación de poco más de 5 minutos. (Por cierto, en total, perdí el recuento a partir de las 40 repeticiones.)

Bueno, vale, venga, vamos a ver, o sea, hablamos, nos vemos, hasta luego, adiós, ciao, stalogo, un besito.