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Terra
La Coctelera

La distorción del tiempo y el espacio

Día duro. Voy cojo: el tendón alquiles del pie izquierdo está inflamado y me duele con cada paso. Tengo dos ampollas en el pie izquierdo.  El camino me avanza los años y no veo el momento de acabarlo mañana. Quedan 19 kilómetros.

He pasado 90% del tramo del Camino solo, como quería. La experiencia del peregrino es, ante todo, una muy larga y solitaria. A veces parece que no acabará. En esos momentos, intentas no pensarlo, y sigues.

Te hablas, inventas historias, canciones, cambias el bastón de la mano, sacas una foto cuando el paisaje te inspire, paras, tiras el mochila al suelo y metes encima de una roca, esperando la inspiración para volver a empezar. Con los ojos abiertos andas a medida que avanza el camino. En un sentido más figurativo, esto amplia la visión.

El concepto de tiempo y espacio transforma en algo más lento y alargado o quizá más rápido y cercano. Cuando alguien te dice, por ejemplo, que te quedan <<8 kilómetros>>, sientes la distancia en los huesos, en el tendón alquiles del pie izquierdo. Cuando ves un pueblo en la distancia, calculas el tiempo en llegar y a veces la distancia y el tiempo te engaña a parecer más cerca o más lejos. La perspectiva que siempre has tenido distorsiona hasta tal punto que no puedes confiar en ella. Hay que olvidar la visión que tengas y las expectativas que mantengas.

Lo único en que puedes saber de verdad es el momento y el paso mesurado.

La esencia del peregrino...

consiste...

....en el agotamiento

y el seguimiento,

....en sentirse perdido

pero saber al fondo que en breve

hay una flecha o un amigo desconocido

que te ayuda con la dirección.

....en el peso encimo de los hombros

y los plazos que se desplazan.

....en el andar, comer y descansar, (en este orden)

....en andar solo, en el silencio de tus pensamientos.

....en comprender la realidad primordial de aguantar.

....en seguir cuando crees que no puedes seguir.

....en ayudar a los demás cuando

haga falta.

....en contemplar la vida atrás y

plantar la más allá.

....en entender el valor de un

solo paso,

y el gran significado del colectivo.

Sí joder.

<<AVISO: Esta entrada pertenece a la clase de El Camino de Santiago>>

Con el desayuno devorado, me separé de los otros alumnos --todos nosotros peregrinos temporales-- en el pueblo de Belorado. Debía de haber sido las 7:30-8 por la mañana, como mucho.

Fui buscando agua de una fuente, agua potable desde luego. Lena nos había avisado que las fuentes en el Camino avisan cuando el agua NO sea potable, pero os puedo asegurar que había algunas fuentes que  vi durante el primer día de nuestro tramo donde ponía <<Agua no potable>>.

Por eso cuando localicé una fuente cerca de lo que parecía una glorieta muy <<-eta>> (es decir pequeña) al lado de la Plaza Mayor, busqué alguna señal de su potabilidad potencial, pero no había nada. Supuse que era potable pero no estaba seguro.

De pronto llegó un hombrecillo, bajito, flaco y de unos 60 años, pasando por la zona de la glorieta.

--Perdón --le pregunté, señalando la fuente--, ¿es agua potable?

Me lanzó una mirada furtiva, dijo bruscamente --Sí joder-- y siguió andando.

Así tal cual, sin coma ni pausa.

No sé si mi aspecto le fastidió o si ya había tenido una mañana (o incluso noche anterior) fatal. O quizá hubiera visto tantos peregrinos en su vida que al vernos le hartaba al instante.

No lo sé.

Pero sí sé que él jamás me va a recordar, y que nunca me olvidaré de él y sus dos palabras sucintas que iban directamente al grano.

Recomendaciones para el alumno próximo

Querido alumno/a:

No nos conocemos y es muy probable que nunca nos conozcamos. Bien, ya lo he aceptado.

Este mensaje es para los que estén tomando la asignatura <<Escribir como un nativo>> con la maravillosa profesora Mercedes Gil. Gracias a ella, he mejorado mi escritura en español (pero con eso no quiero decir --ni de lejos-- que aún no me cometa bastantes errores), y como su sugerencia para esta entrada --nuestra última-- ha sido que escribiéramos sobre algunas recomendaciones para el alumno que viene del año que viene...

Aquí tienes las mías:

1. Vete al parque El Capricho cuanto antes. Está un poco lejos pero merece la pena porque es una joya viva de cómo debería ser un parque en términos artísticos. El Retiro no está mal pero sí, casi siempre a tope; éste otro es el mejor jardín de todo Madrid, quizá de toda España.

2. No tardes mucho en descubrir los dos restaurantes/cafeterías que sirven la mejor tortilla de Madrid, quizá de toda España, lo cual quiere decir tal vez que sea la mejor tortilla de Europa, o incluso, el mundo...o sea, la Vía Láctea.

El primero se llama Sylkar y está ubicado en el barrio donde vivo, Ríos Rosas, en la calle Espronceda (!Viva el poeta romántico¡) 17, (codigo postal: 28003). Hacen una tortilla estupenda y muy deshecha aquí; a veces le parece una sopa porque está demasiado licuada. Sirven la tortilla durante la mañana y la noche durante toda la semana y sábado por la mañana.

El segundo está más céntrico. El sitio se llama La Ardosa y está en la calle Colón, 13 (metro Tribunal). La calle cruza la calle más funky de todo Madrid, Fuenkytown (o Fuencarral como muchos le llaman). El problema con este sitio es que se agota la tortilla por la mañana, sobre las 11, así que convendría llegar temprano.

3. Hazte el favor de no salir demasiado (es decir, exclusivamente) con la gente de Middlebury. Esto no es un desprecio ninguno contra los alumnos encantadores que asisten aquí, sino una recomendación para el mejor uso de tu tiempo de vivir en tierras extranjeras. He oído y leído en el boletín que es muy difícil entrar en los círculos españoles, pero veo eso más bien como una excusa por no querer esforzarse demasiado. Según tus intereses, escoge uno y apúntate a algún tipo de grupo que se junte cada semana o dos. De estos en Madrid hay miles según los gustos. De allí a poco, ya tendrás amigos españoles con los que puedes salir y empezar una buena amistad que, a la vez, te ayudará mucho a mejorar tu español. Otro beneficio es que, no como los intercambios, la gente no espera de ti que hables en inglés.

3a. Si puedes, sácate una novio/a español/a. Es indudablemente la mejor manera de aumentar un nivel lingüístico y, además, lo pasas muy bien en otros aspectos, los cuales no voy a incluir aquí en esta entrada.

4. Viaja a Chinchón, un pueblito a unos 45 minutos de Madrid. Pocos extranjeros conocen este sitio y muchos madrileños van allí para pasar el día de un fin de semana, para comer la comida de pueblo muy rica y probar su propio anís, un tipo de licor.

5. Hazte el favor de solicitar tu carné a la BN (biblioteca nacional) y el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Aunque este último esté un poco lejos del centro, es un espacio enorme con un 1.000.000 de ejemplares, algo que la pone en el ranking de bibliotecas más grandes en Madrid, es decir, España, y una de las más grandes en Europa. La Biblioteca Nacional es una experiencia cultural aparte de ser una biblioteca estupenda para investigación. Si vas allí para investigar o estudiar, calcula un mínimo de 4 horas. Con menos, no puedes sacar jugo de la experiencia.

Eso es todo lo que se me ocurre ahora mismo.

Aunque no te conozca, te deseo mucho aprendizaje en tu experiencia madrileña.

'Stalogo,

Kip Tobin

No puedo seguir; seguiré.

AVISO: ESTA ENTRADA PERTENECE A LA CLASE DE <El Camino de Santiago>.

Hay dos preguntas pertinentes: ¿Cuándo coño se va a parar esta maldita lluvia? y ¿Por qué demonios sigo caminando? Me temo que estas preguntas tienen la misma respuesta, la de <<no lo sé>>. Llevamos cuatro horas andando, y durante las últimas tres ha llovido de una forma desconcertante, con un viento frió de cojones. No hay nubes: todo el cielo es una manta opaca de color gris.

¡Qué día más desdichado! Nos pusimos los ponchos cuando empezó la lluvia y este puñetero poncho permite agua. Lo compré porque ponía <<impermeable>> en la etiqueta y ahora me he enterado de que, como mucho, es semi-permeable. Quiero que me devuelvan el dinero que pagué para este poncho.

No. Quiero que pare esta lluvia para que no tenga que llevármela. Eso es el problema, la lluvia. Y la obligación de seguir cuando sólo anhelo un lugar seco y templado.

Creo que estas dos preguntas son vinculadas inextricablemente. No puedo dejar de caminar porque se sigue lloviendo; si me paro, estaré en media del camino, sentado, empapado y cabreado aún más, no sólo porque la lluvia no habrá parado sino porque habría parado. Si para de llover, tendré que seguir hasta, al menos, el próximo pueblo. Es un círculo vicioso, esta situación. Mejor no pensarlo más.

En cualquier caso, tengo que seguir hasta la última parada del tramo del día, la cual me parece muy lejos. Ya hemos pasado siete pueblitos. Lo seguro: mi percepción de distancia ha cambiado radicalmente. En coche hubiera pasado estos 10 pueblos del tramo en menos de una media hora, pero a  pie los pueblos me acercan paulatinamente. Lo ves, o no lo ves; hay que seguir. Cuando lo ves, te entra una sensación de alivio, a menos que sea una distancia muy lejana. Quizás adelantas tu paso o sigues a la misma velocidad  y el pueblo te espera. No. Tú mismo esperas llegar a ese pueblo y el pueblo sigue siendo inamovible como ha sido durante siglos.

Como antes, no lo sé.

El rollo ese de Ryanair, la navaja multiusos, el escote y la muerte inminente...

Tuve la mala suerte de viajar en Ryanair durante las vacaciones, lo cual no recomendaría a nadie salvo a mi pero enemigo.

Ryanair es la aerolínea más barata en toda Europa y por tanto tiene mucha fama, especialmente con los jóvenes. Venden trayectos de los vuelos a varias ciudades por Europa por un precio aparentemente bajísimo. Luego, después de comprobar los precios, empiezan a añadir tasas cada dos por tres, dejando el precio del vuelo no tan barato como pensaras al principio. Por ejemplo, hay una tasa mínima de 20€ si facturas una maleta; hay una tasa de 10€ por pagar con tarjeta de crédito; hay otra tasa de 6€ por facturar en el aeropuerto, etc. No lo dudes, hay muchas más.

Exigen un sello de "Visa check-in", lo cual hace imprescindible pasar por la oficina de las cabinas que están al exterior de las zonas de facturar. Esperé unos 30 minutos en la cola para, al final, tener que volver y pedir un sello. No se dan cuenta los que crean las reglas en Ryanair de que "Visa" puede ser dos cosillas muy importantes en cuanto al lío de viajar: o la tarjeta de crédito con la que se pagó el vuelo o, más importante aún, la "Visa" de los extranjeros que tienen que poseer para entrar en un país en el que no es el suyo. Como ya tenía estas dos conmigo, no lo creí importante antes. Al final, cuando me dio el sello en la cabina, la mujer allí me dijo que no tenía que esperar otra vez en la cola para facturar porque mi mochila podría caber en al avión y lo considerarían equipaje de mano.

Pasé por el control de seguridad y me preguntaron si llevaba una navaja multiusos en la mochila. "Pues sí", le respondí. Me explicó el vigilante que no podía permitirlo y me explicó que tendría que facturarla si quería llevármela. El vuelo, que (supuestamente) estaba a punto de embarcar, no me dejó esta opción. La navaja  multiusos es de una muy buen amiga que me la prestó y me dijo que era un objeto muy especial porque la había comprado en Suiza cuando tenía 13 años. Me sentí horrible.

El vuelo fue atrasado 45 minutos, de modo que al final todo el lío de la navaja fue posible.

Como no estaba completo el vuelo, me senté en la última fila en el asiento de pasillo. El asiento de al lado estaba vacío, y en el asiento de ventana se sentaba a una chica joven y guapa. Llevaba puestos unos vaqueros muy apretados y una camisa con la que mostraba a todo el mundo su escote grande. Tenía una postura perfecta, y de vez en cuando sacaba su kit de maquillaje para perfeccionar todo lo relacionado con la cara.

Por supuesto esto no me molestaba, salvo cuando íbamos a aterrizar y quería echar un vistazo por la ventanilla, delante de la cual estaba ella. Cada vez que miraba por allí, me devolvía la mirada con una actitud amenazadora como si me estuviese reprochando: "Yo sé que me estás mirando al pecho. ¡Vete al carajo cabrón!".

Odio estas situaciones sencillamente porque me siento culpable por pàrecer un viejo verde cuando, en realidad, no soy en absoluto. Yo no estaba desnudándola con mis ojos ni mirándola con ojos "verdes". (Bueno, sí, tengo ojos del color verde.)  Es decir, no quería ligar. Con las veces innumerables que se miraba en el espejo y ajustaba un detalle en su cara, supuse que ya tenía un hombre esperándola en Santiago. Repito, sólo quería echar un vistazo por la ventanilla y ver fugazmente la capilla de la catedral o alguna parte difuminada del camino de Santiago.

Pero no. Me quedé con la cabeza mirando de frente. ¿Qué veía? Esta imagen dibujada (a continuación) que está colocada detrás de cada asiento del avión. Es una imagen de la muerte inminente donde, en el caso de que el avión se estrelle o tenga que aterrizar en el agua, se ponen las instrucciones sin palabras para los que no hablen ni lean.

O soy un viejo supuestamente verde o estoy obligado a estudiar las varias maneras de salvarme la vida en posibilidad lejana de que todos vayamos a morir. Madre de dios.

El lío de El Lío

Como suelo dejar las cosas hasta el último minuto y con vistas de que me mude a EEUU el 31 de mayo después de casi 6 años en Madrid, quería evitar el estrés que siempre acompaña tal comportamiento. En este caso, un asunto que me pone nervioso es el tema de encontrar un buen hogar para mi gato, El Lío.

El gato es medio salvaje (viene del Retiro) y medio domesticado (lleva 3 años conmigo). No es el gato más agradable del mundo: me ha dado unos cuantos arañazos que quedaré cicatrizado para siempre.

Este elemento de su carácter no le hace muy atractivo para parejas buscando gatos cariñosos, ni familias que quieren dar compañía a su niño.

Por eso mandé un e-mail a Kim Griffin, la directora de Middlebury en Madrid, inquiriendo sobre su finca y la posibilidad de poder usar a gatos para cazar los ratones en los establos. Me respondió que sí, no había ningún problema, sólo tenía que tener en cuenta que tiene dos perros que les gusta jugar mucho y si el gato no está acostumbrado a jugar bruscamente, pues "puede acabar mal". Inmediatamente vi esta opción como el plan C. El plan A siempre ha sido encontrarle un buen hogar aquí por Madrid; el plan B es llevármelo a EEUU donde él tendrá que irse de casa a casa hasta que yo encuentre algún sitio ideal para nosotros dos.

Puse un anuncio en Segundamano, un periódico online de vender/comprar cosas de segundamano. Tres horas más tarde me llamó un tal José que estaba interesado en el gato porque quería regalárselo a su novia para su cumpleaños la semana que viene. Por la tarde recibí un correo electrónico de una pareja que me escribió que se habían enamorado de él (colgué fotos) y quería regalárselo a su hija. "El problema es que vivimos en Murcia y sólo estamos en Madrid hasta el 20 de marzo", me escribió. Les llamé y envié un e-mail sin contestación. El día siguiente llegó otro e-mail de una amante de animales anónima.

Hola, como amante de los animales sólo quiero advertirte sobre unas cuantas mierdas humanas, para que tu animalito no caiga en esas manos: hay gentuza que quiere gatitos para alimentar a sus boas, te doy el e-mail de estos malnacidos:

Me incluía una lista de algunos nombres, números de móvil, correos electrónicos, etc., y concluía el mensaje con: "hay gente desequilibrada que los quiere para hacer budú, les cortan la cabeza y las extremidades, sobre todo quieren gatos negros o blancos."

El Lío encaja muy bien en este perfil.

Repasé los e-mails que ya había recibido y afortunadamente no era ninguno al que se correspondía a estos datos pero te digo que me ha dado un asusto mortal. Antes de poner el anuncio, se me pasó por la cabeza esta posibilidad de que algunos engañarían a otros para sus propios fines malvados, pero ni por un segundo pensé que sería tan extendido el fenómeno. Ahora temo que a cualquiera que se lo regale va a hacer una sopa de él.

Me da escalofríos pensar en esta posibilidad, y me hace pensar que el plan C está llegando a ser el plan A.

El asistente del arzibispo austero

AVISO: ESTA ENTRADA PERTENECE A LA CLASE DE <<El camino de santiago>>.

Juan y yo entramos por la puerta principal. Adentro hay un pasillo muy largo con un techo alto. Huele a los 70 y le comento a Juan que tiene rasgos de la época de Franco. Asintió con la cabeza. El vigilante, al oír nuestra petición, nos indica que esperemos porque "está dando la misa hasta las 12:30". Miro la hora y son las 12:33. Nos sentamos. El edificio abunda en austeridad, una seriedad (o incluso gravedad) que estos edificios siempre me han hecho sentir.

Esperamos unos cinco minutos.

Sale el clérigo (¿El cura? ¿Asistente del arzobispo?). La verdad es que no sé cómo se llaman dentro de la jerarquía de la Iglesia y nos indica a seguirle. Pasamos por varias puertas hasta llegar a la oficina con el letrero <<Oficina del Camino de Santiago>>.

--¿Hay una oficina dedicada al Camino? --, le comento. Asiente con la cabeza.

En el silencio de la oficina, nos hace unas preguntillas sobre nuestras identidades, número de carné, etc. Nos pide medio euro cada uno para pagar la molestia del papeleo y coge una fotocopia y empieza describir algunas instrucciones que, gracias a Dios que Juan está conmigo porque de verdad en esta situación, como en muchas otras, inmediatamente apago la recepción del emisor y me centro en su manera de hablar y no en las palabras. Le veo apuntar a un capítulo de la Biblia, Lucas 24, 51 creo que era, y hablar de la peregrinación de Jesús y que significa emprender una peregrinación.

El clérigo, con una cara redonda y bien calvo, me parece muy serio y, a la vez, como que va a sonreír en cualquier momento. Pero no lo hace en ninguno. Juan y yo nos quedamos más callados o bien abrumados por el mero hecho de estar en la oficina del arzobispo español. Al final, le pregunto si hay mucha gente últimamente que hay venido para conseguir la credencial y me contesta que no, de verdad, no es la temporada todavía. "Y como el tiempo siga así, no empezará hasta el mes siguiente". Asentimos con la cabeza y nos despedimos. Juan pregunta si debería cerrar la puerta a la oficina del Camino de Santiago o dejarla abierta. No he podido oír su respuesta pero imagino que dijo que sí.

Salimos de la iglesia a la calle donde había empezado a lloviznar lo suficiente para ser una molestia. Y con eso tenemos un anticipo del camino que nos queda por delante.